Desinformación y Política
La Real Academia Española define “política” como: “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados. ‖ 2. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. ‖ 3. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo. ‖ 4. Cortesía y buen modo de portarse. ‖ 5. Conjunto de orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.”
En el presente texto, se toma como concepto operativo de política la segunda acepción de la RAE, la del político en el poder o la del aspirante al poder que ejerce la política.
El político y la mentira
La política tiene una praxis que puede ser objeto de crítica, sobre todo la vinculada con los aspectos éticos y morales en el modo de gobernar o de aspirar al poder.
Uno de los cuestionamientos más recurrentes dirigidos al político, es su apego o no al valor de la transparencia, a la capacidad de brindar información fidedigna sobre sus acciones y decisiones. ¿Qué pasa si el político miente? ¿Se justifica la mentira del político por el bien común?
En La República, al comienzo del libro III, Platón pone en palabras de Sócrates que la verdad merece que se la estime por sobre todas las cosas. Pero, el propio Sócrates, señala que la mentira puede ser útil a los hombres “a modo de medicamento”, aunque tal medicina -ejemplificando con respecto a un caso de locura- debe quedar en manos de los médicos. Ya haciendo alusión a los gobernantes, el diálogo escrito por Platón atribuye a Sócrates un razonamiento que coloca una justificación para la mentira:
“Si hay, pues, alguien a quien le sea lícito faltar a la verdad, serán los gobernantes de la ciudad, que podrían mentir con respecto a sus enemigos o conciudadanos en beneficio de la comunidad, sin que ninguna otra persona esté autorizada a hacerlo”. (Platón, [389 AC (2012) p. 103)]
En El Príncipe, Nicolás Maquiavelo recomienda al gobernante disfrazarse bien, saber mentir y disimular: “Todo arte consiste en representar el papel con propiedad y en saber disimular y fingir; porque los hombres son tan débiles y tan incautos que cuando uno se propone engañar, nunca deja de encontrar tontos que le crean” (Maquiavelo, 1531). Ante el texto, Napoleón Bonaparte escribió este comentario: “Mientes atrevidamente; el mundo está compuesto de necios. Entre la multitud, esencialmente crédula, se contarán poquísimas gentes que duden, y éstas no se atreverán a declararlo”.
Haciendo alusión al término de la primera guerra mundial, en su obra La Política como profesión (1919), Max Weber resalta la importancia de la “inevitable falsificación de todo el problema”, como paso necesario para los políticos que deben dejar la pugna y los orígenes del conflicto, para ver hacia el futuro y tratar de construir negociación, con la vista puesta en el bien de las partes que estaban en conflicto.
Considera Weber que, en efecto, la ética absoluta se expresaría a favor de la obligación por la verdad, pero que tal situación dejaría al político a merced de la exaltación de las pasiones y al oscurecimiento mismo de la verdad, a través de la manipulación.
No obstante, Weber afronta que sí sería posible apelar a la verdad, pero únicamente a través de una investigación independiente, que involucre, de manera plural, a todas las partes, pues cualquier otra vía podría acarrear consecuencias que no se resolverían ni en décadas enteras. Lo ocurrido con las interpretaciones de aquel conflicto, así como el surgimiento de la segunda guerra mundial, tal vez le darían al autor la razón.
Ahora bien, precisamente Weber contradice un poco el parámetro establecido por Platón sobre el motivo noble, así como la perspectiva de Maquiavelo, sobre un fin que justificaría los medios. ¿Un bien mayor” justificaría una acción poco ética, contraria a la verdad, tal y como resultaría evitar una verdad o mentir, políticamente hablando, al gobernar o al aspirar al poder? Dice: “No hay en el mundo ninguna ética que pueda eludir el hecho de que la obtención de fines ‘buenos’ depende en numerosos casos de medios moralmente dudosos, o al menos peligrosos, y conlleva la posibilidad, o incluso la probabilidad, de consecuencias secundarias adversas. Y tampoco existe en el mundo ética alguna por medio de la cual se pueda establecer cuando y en qué medida el fin éticamente bueno queda ‘justificado’ por fines éticamente peligrosos y sus daños colaterales.”
Karl Popper, por su parte, no justifica la mentira, la cual califica como el instrumento de un Estado totalitario para mantener el supuesto bien de la sociedad a través del engaño. En La Sociedad Abierta y sus Enemigos, adjudica a Platón, Hegel y Marx algunas claves de los autoritarismos modernos.
En consonancia con Popper, Robert Dahl sostiene: “Para quienes defienden esta concepción, la idea de que el pueblo comprenderá y defenderá sus propios intereses es ridícula, y más ridículo aún pensar que comprenderá y defenderá los intereses de la sociedad global. Estos críticos insisten en que la gente común no está calificada, evidentemente, para autogobernarse, y afirman que la premisa contraria de los demócratas debería reemplazarse por la propuesta que el gobierno le sea confiado a una minoría de personas especialmente capacitadas para asumirlo en virtud de sus conocimientos o virtudes superiores (Dahl, 1991, P. 67).
Las mentiras en la campaña política de Estados Unidos, un ejemplo reciente
Previo a las elecciones en Estados Unidos, tanto Donald Trump como Kamala Harris incluyeron algunas distracciones sobre la realidad en sus discursos. No nos referimos a los bulos que han circulado sobre sus narrativas, sino a deformaciones de los hechos sobre el contrario, que han sido incluidas en sus aseveraciones.
A pesar de que Trump no propuso recortar los beneficios del seguro social ni el medicare, Harris insistió repetidamente que era uno de los planes del hoy presidente electo. En otra aseveración realizada por Harris, se atribuyó a Trump la pérdida de miles de empleos en Estados Unidos, sin hacer mención que tal disminución de empleos ocurrió en el marco de la pandemia, una de las causales de pérdida de puestos de trabajo en todo el mundo. En repetidas ocasiones, atribuyó a Trump el Proyecto 2025, originalmente creado por la Heritage Foundation.
Por su parte, también Trump apeló a omisiones y deformaciones de hechos al referirse a Harris. El 25 de octubre, Trump reiteró que la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) todavía no atendía las consecuencias del huracán Helene en Carolina del Norte, situación que tuvo lugar a finales de septiembre, a pesar de que el organismo ya tenía a más de 1.700 personas desplegadas en el estado y de que había aprobado más de cien millones de dólares en ayudas para los ciudadanos afectados.
Además, el último día de las votaciones, Trump indicó que FEMA había destinado recursos para favorecer a inmigrantes ilegales en Estados Unidos. Adicionalmente, afirmó que veintiún millones de ilegales habían ingresado a Estados Unidos durante la administración de Joe Biden. La cifra no superaría los 11 millones, según reportes periodísticos.
Las mentiras en el discurso público de parte de la esfera política venezolana están analizadas por Cotejo.info y el Observatorio Venezolano de Fake News. En el país, las deformaciones de la realidad se desarrollan en medio de restricciones a la libertad de expresión y al acceso a la información, factores que obstruyen la verificación y el contraste de ideas.
En contexto de desinformación en la era digital, las restricciones adquieren connotaciones mayores en naciones con libertades restringidas, especialmente ante métodos más sofisticados de censura. Se dificulta corroborar información a escala individual, dado el temor que producen las revisiones de teléfonos celulares, que aportan información al censor no solo de la expresión, sino además en torno al pensamiento del ciudadano.
En Verdad y Política, Hannah Arendt señala: “Nadie ha dudado jamás con respecto al hecho de que la verdad y la política no se llevan demasiado bien, y nadie, que yo sepa, ha colocado la veracidad entre las virtudes políticas. La mentira siempre ha sido vista como una herramienta necesaria y justificable para la actividad no sólo de los políticos y los demagogos sino también del hombre de Estado.”
¿Existe evolución en el político, con respecto al uso de la mentira en tiempos de redes sociales?
Lamentablemente, la tecnificación de la comunicación, las nuevas herramientas comunicacionales en la era digital, proveen a algunos políticos de un capital propagandístico distinto: la posibilidad de propagar falsedades, tanto las de sus discursos, como las creadas en laboratorios de guerra social, tomando el viento a favor de la pasión de sus seguidores. Como dice Arendt: “El embustero (…) no necesita de tan dudosa acomodación para aparecer en la escena política. (…) Toma ventaja de la innegable afinidad de nuestra capacidad para la acción, para cambiar la realidad, con esa misteriosa facultad nuestra que nos permite decir ‘brilla el sol’ cuando está lloviendo a cántaros. […] En otras palabras, nuestra habilidad para mentir –pero no necesariamente nuestra habilidad para ser veraces– es uno de los pocos datos evidentes y demostrables que confirman la libertad humana”. (Arendt, citada por Zárate Cotrino, 2019)
La labor de las iniciativas de verificación informativa, el crecimiento de medios independientes que surgen por el abaratamiento en los costos relativos a la producción de contenidos digitales, podrían contribuir con miradas más apegadas a lo real. Pero el reto persiste.
La capacitación del ciudadano en consumo informativo es fundamental. La única forma de evitar los sesgos de aproximación es darle variantes a la lectura informativa. Salir de la zona de confort ideológica, para evitar que opciones predictivas similares nos obliguen a ver la realidad en una sola dirección, o con el único prisma de nuestro círculo de contactos.
Referencias
Dahl, R. (1991). La Democracia y sus Críticos. Barcelona: Editorial Paidós.
Mañón Garibay, J. (2020). Sobre el derecho a mentir. Verdad y posverdad en la comunicación y la construcción de ciudadanía. Problema anuario de filosofía y teoría del derecho, (14), 285-313. Epub 05 de marzo de 2021.https://doi.org/10.22201/iij.24487937e.2020.14.14912
Maquiavelo, N. (1998 edición): El Príncipe. Madrid. Editorial Espasa Calpe.
Platón [(389 A.C. 2012] La República. Madrid: Alianza Editorial.
Weber, M. (1919) “La política como vocación”, en El político y el científico https://filosofiaenimagenes.com/wp-content/uploads/2024/11/El-politico-y-el-cientifico-1.pdf
Zárate Cotrino, A. C. (2019). La mentira en política: entre la manipulación de los hechos y la pregunta por quién habla ahí. Universitas Philosophica, 36(72), 71-95. ISSN 0120-5323, ISSN en línea 2346-2426. doi: 10.11144/Javeriana.uph36-72.mhpq
