Volver a lo básico en tiempos de IA: ¿verdadero o falso?

La inteligencia artificial (IA) ha ocupado la atención de muchas reflexiones teóricas, pedagógicas y operativas del quehacer comunicacional, y en específico, del periodismo. Presentamos una revisión de sus valiosos aportes que potencian el oficio así como las amenazas latentes que desfiguran la construcción de contenidos de calidad.
Fuente preferida Fakenews Venezuela

Uno de los temas de interés en la era de la información es la inteligencia artificial (IA). Mucho se ha analizado sobre los efectos, implicaciones, ventajas y amenazas de la implementación de la IA en los procesos comunicacionales, especialmente, vinculados a los productos periodísticos. La relativización de implicaciones éticas en el procesamiento de datos a través de algoritmos, softwares y sustitución de tareas humanas por las bondades computarizadas. En esta ocasión nos ocupa retomar la discusión de base del oficio: la búsqueda de lo verdadero, en tiempo de “artificialidad”, que no necesariamente implica falsedad.

Nos ocupa en este espacio la revisión de conceptualizaciones de lo verdadero y lo que separa eso de las falsedades. Nos preguntamos entonces, ¿necesariamente lo construido por artilugios digitales implica falsedad? ¿La inteligencia artificial viene a desdibujar conceptos de realidades y ficciones? ¿Cómo podemos diferenciar lo verdadero de lo falso cuando la verificación la hacen algoritmos y las mentiras quedan en boca de quienes deberían ofrecer verdades?

Por eso, cuando el panorama es confuso y los límites parecen desdibujarse, es pertinente volver la mirada hacia la esencia. 

Definiendo lo fundamental

Para avanzar en la descripción de los procesos de generación de contenido periodístico a través de la inteligencia artificial, y su potencialidad para combatir y contener la desinformación, conviene retomar conceptos básicos.

Por ejemplo, la definición del oficio en sí mismo, recordando que el periodismo constituye la búsqueda incansable de la verdad, mediante procesos rigurosos de aproximación, confirmación, contraste y, sobre todo, la cualidad de verificabilidad, que nos permite entender el contenido como verdadero, cierto y confiable.

Ya sentenció Gomis que el periodismo es la construcción del presente social desde una metodología de aproximación a los acontecimientos para su posterior construcción e interpretación. La tarea periodística trasciende labores de redacción y difusión. Marín (2003) en su Manual de Periodismo, explica que “la búsqueda de información, el procesamiento y la difusión de los hechos, así como su valoración, hacen del periodismo una disciplina básicamente intelectual -en cuanto que induce y conduce al conocimiento y comprensión del acontecer social-, que se expresa con palabras e imágenes”. 

Llegamos así al punto de partida, de llegada, de reflexión y preocupación del periodismo: la verdad. Usamos el término a diario como guía de todas las aproximaciones, como meta de las construcciones de contenidos y como elemento esencial de la práctica profesional. “La primera obligación del periodismo es la verdad”, rezan Kovach y Rosentiel (2012) en Los elementos del periodismo, y continúan explicando que el periodismo busca una forma práctica o funcional de la verdad: “el periodismo puede -y debe- buscar la verdad en un sentido que nos permita gestionar nuestra vida cotidiana”.

Los autores explican que el periodismo intenta llegar a la verdad “en un mundo confuso”, y ese proceso incluye también la diferencia que debe establecerse entre lo que es información fidedigna de todo aquello que puede ser reconocido como informaciones erróneas, desinformación o información interesada. “Esta idea de verdad permite conciliar el modo en que utilizamos las palabras verdadero y falso”, es la conclusión que alcanzan Kovach y Rosenstiel en la disertación sobre lo cierto y lo que no lo es. 

¿Y cómo se introduce la intervención de la inteligencia artificial en el ejercicio periodístico? Tiene que ver con la capacidad, inmediata, gratuita y de fácil acceso para la creación de contenidos de forma automatizada, mediante procesos informáticos que potencian, blindan esas verdades, pero que también pueden ser usadas para alterar y falsear contenidos con igual eficacia y facilidad.

También conviene recordar la definición de la IA, que según el Parlamento Europeo es “la habilidad de una máquina de presentar las mismas capacidades que los seres humanos, como el razonamiento, el aprendizaje, la creatividad y la capacidad de planear”.

Por una IA es confiable para el periodismo

Desde el Observatorio Venezolano de Fake News ofrecimos un acercamiento sobre el origen de la inteligencia artificial, entendida como la disciplina informática que ha buscado imitar, emular la inteligencia humana desde la operatividad automatizada de máquinas. También se ha avanzado en revisar cómo el periodismo se hace de la IA para mejorar su productividad y adaptación a los nuevos escenarios.

“Todo avance tecnológico de la magnitud de la IA (escritura, imprenta, televisión, Internet, telefonía móvil, etcétera) trae consigo un cambio estructural del funcionamiento de todo lo que conocemos, pero lamentablemente viene acompañado de una ignorancia mucho mayor que los beneficios o los riesgos en sí mismos”, es una de las advertencias que esgrime Ricardo Arispe en su texto “Y vendrán tiempos peores”.

Al periodismo le ha tocado, desde el inicio de su existencia, adaptarse a la innovación tecnológica, para apropiar sus sistemas de producción de informaciones a las dinámicas sociales de demanda y consumo de contenidos. Si en algo coinciden los analistas del tema es que en sí misma la IA no implica una amenaza, sino que el riesgo está en el modo de usarla y los fines que persiguen quienes se apropian de la herramienta.

Ángel Páez advertía sobre las ventajas y amenazas del uso de la IA en el ejercicio periodístico. De nuevo apelamos al criterio de quien ejerce el oficio: una herramienta tecnológica usada con apego a los principios fundamentales del periodismo, sin dudas, es beneficiosa y permite una construcción de información sólida, confirmable y blindada, por lo tanto de calidad.

Cuando la IA es aliada en la lucha contra la desinformación

Si bien nuestro contexto complejo de un ecosistema de medios reducido que opera en medio de restricciones, censuras, bloqueos y demás ataques, es cierto que la intervención de la IA ha propiciado algunos escenarios de desventaja para el apego a la verdad y fomento de la desinformación, pero preferimos destacar los usos exitosos de la IA en el periodismo, que promueven una aproximación fidedigna a la realidad, desde lo digital.

Por ejemplo los avatares que presentan informaciones noticiosas en formato audiovisual, para evadir la censura y persecución de la que puedan ser objeto las personas reales. También se cuenta con la experiencia de un chat de verificación de información automática, en medio de un complejo entorno de circulación de bulos propiciado, entre otros factores, por la opacidad de información oportuna y oficial acompañada de un difícil acceso a los escasos medios independientes.

Aunque tenemos la apropiación de la IA para promover la desinformación con prácticas similares: el uso de avatares, también, pero con difusión de datos inexactos y sin la debida verificación ni respaldo, o la difusión automatizada de contenidos creados para generar matrices de opinión específicas, insistimos en que la amenaza es el modo de uso y no la herramienta per se.

La ruta del periodismo sigue invariable, pero incluye nuevos mecanismos para el recorrido. Con la IA el oficio cuenta con nuevas estrategias para procurar el contraste y verificación de los contenidos, así como incorporar nuevos saberes computarizados que fortalezcan las narrativas y formatos para finalmente fortalecer la calidad de los contenidos informativos.

Nos corresponde entonces generar mecanismos, procesos y métodos para que el uso de la IA en el periodismo respete la rigurosidad de cada fase en la producción de los contenidos permitiendo no solo impulsar el impacto de las informaciones, sino priorizar el criterio y buenas prácticas desde el respeto a la esencia, la base y fundamentos de un oficio que tiene como columna vertebral la adaptación a las innovaciones tecnológicas apegados a la búsqueda de la verdad. 

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