Pensionados bajo la “red” de mentiras

Con un mercado de 5 millones de jubilados y pensionados en Venezuela, según datos del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, es de esperarse que los especialistas en bulos o “fake news” se sientan atraídos hacia un sector de la población del que pueden obtener grandes beneficios con poco esfuerzo. Dividendos que van desde la estafa particular, hasta la creación de algoritmos sofisticados, cuya finalidad es detectar las necesidades individuales y de grupos enlazados por las redes sociales.

Se trata de datos que luego son procesados y vendidos al mejor postor y cuyo destino final será una campaña para influir en el acontecer político, en el mercadeo directo y en el consumo planificado de información “privilegiada”. Estos tienen como denominador común el miedo y la esperanza.

Todo aquel que usa las redes sociales ha caído de una u otra forma en el embrujo del fake news. Esto tiene una explicación científica que va desde lo sociológico, hasta lo religioso. Si asumimos que la tecnología a la luz de nuestro siglo va de la mano con la ciencia, no sería una desfachatez afirmar que quienes manejan los bulos en las redes sociales no son simples programadores sino científicos especializados en comunicación, estadísticas, mercadeo, etc, solo por mencionar tres de las muchas ramas que forman parte de ese universo. Es en este campo gravitatorio del mundo digital donde la capitalización de “datos”, termina procesándose para su uso discrecional cuando el caso así lo requiera.

Visto así, nos encontramos con un gran porcentaje de ciudadanos de la tercera edad cuya pensión no les alcanza ni para alimentos, ni para medicina. Hasta diciembre del 2021 la cesta básica se ubicaba en 430 dólares, lo que implica un déficit de unos 400 $, para un jubilado, teniendo en cuenta el reciente aumento de salario que se mueve entre los 20 y los 25 $ por pensionado.

Ante este drama, tanto los profesionales como aquellos que por una u otra razón no se ubican en este renglón, la salida es la búsqueda de un trabajo que les permita compensar el déficit o mejor dicho complementar con un salario extra una mejor calidad de vida. Eso si la inflación logra controlarse a mediano plazo, cosa que pareciera poco probable. 

Frente a la apreciación anterior surgen cientos de bulos “salvadores” que pescan en rio revuelto, unos con ofertas engañosas y propósitos oscuros como los señalados por el Observatorio Venezolano de Fake News, en donde por medio de las distintas aplicaciones usadas en las redes sociales, muchas de ellas apoyadas con imágenes, se invita al destinatario a registrarse en una cuenta determinada por “haber sido seleccionado a trabajar desde la comodidad de su hogar por un sueldo de 60 $ diarios”.

Casos como este trascienden fronteras y su objetivo principal es la captura de datos de ciudadanos en condiciones precarias para usos no precisamente benéficos. Un ejemplo de bulos de este tipo fue el evidenciado por el OVFN en otra gacetilla que usurpa la identidad de la empresa Polar como solicitante de trabajadores en Perú, Chile y Ecuador.

A mediados de los años noventa, escribía lo que terminó siendo una tesis de grado sobre lo que denominé “Rumor y comunicación de crisis”. En ella desarrollaba la idea de los bulos, en este caso “orales” que alcanzaban espacios geográficos ilimitados. Aunque muchos de ellos carecían de relevancia no era menos cierto que se propagaban con suma rapidez. Si bien rumor y bulo son dos cosas distintas, el objetivo de ambos es crear zozobra y generar algún tipo de beneficio a corto o largo plazo.

Durante esos años el rumor sobre golpes de Estado era el pan de cada día y probablemente había algo de verdad en todo aquello, pues la situación país era un buen caldo de cultivo para un hecho de esta naturaleza, lo que permanece en suspenso es la pregunta sin respuesta de si, en realidad, fue el rumor el detonante de lo que ocurriría tiempo después.

Hoy en día, con el auge de las redes sociales, las noticias falsas cobran la relevancia que nunca tuvo el rumor como fenómeno comunicacional. Aun siendo bajo el porcentaje de informaciones falsas, éstas permanecen por más tiempo retenidas en la memoria debido la forma masiva en que son compartidas.

En teoría, estos bulos surgen de laboratorios dedicados a tal fin. Salas situacionales de entes públicos, de instituciones privadas e incluso desde individualidades que buscan, por un lado captar seguidores y, por el otro, generar tensión ante una coyuntura determinada; y he aquí otro ejemplo citado por el OVFN que se refiere a la suspensión del salario de los profesores de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado de Lara o bien una supuesta orden de Nicolás Maduro de eliminar el “bono de guerra”, un subsidio social que otorga el Estado para los pensionados y jubilados.

Hakear cuentas de usuarios, desestabilizar a un sector de la población, infectar celulares y computadoras con malware; así como estafar con mensajes engañosos son otros de los propósitos implícitos en las fake news. Ninguno de los bulos llega al público con buenas intenciones. También abundan los que crean temores, los que buscan el desprestigio de alguna institución, compañía o empresa.

Ya señalábamos el caso de Polar, obligada a desmentir su oferta laboral, pero también los organismos públicos son blancos de esta simulación de identidad. Un caso digno de citar fue el del “pedido obligatorio de la fe de vida” de los jubilados por parte del Ministerio de Sanidad, a riesgo de perder sus pensiones. Incluso el OVFN logró detectar varios en donde se afirmaba que los jubilados “fuera del país perderían sus beneficios sociales”.

Estos ejemplos y muchos otros en donde tanto el miedo como la esperanza se utilizan con fines precisos, bien para crear alarmas infundadas o bien para “tranquilizar” a la ciudadanía con mensajes religiosos que manipulan la fe de los creyentes (las llamadas “cadenas), están dirigidos a los pensionados, jubilados y afines. En estos casos sobran los ejemplos y para cerrar con broche de oro citamos otro bulo capturado en las redes por la OVFN, que habría sido compartido cientos de veces, en los que se insta a los pensionados a estar pendientes de un “bono” o retroactivo de cierta cantidad inestimable de bolívares que “serán cancelados en cualquier momento”.

Quienes elaboran estos mensajes conocen las diversas maneras de influenciar a este segmento en específico y basta con crear el sentimiento que los vinculará en serie como las alarmas ante un hecho inesperado, el temor por la pérdida de algún beneficio y la esperanza frente a la incertidumbre.

Nadie está a salvo de ellos, sin embargo, es bueno seguir algunos consejos como: leer el texto en su totalidad y luego sacar conclusiones. Revisar la fecha de los mensajes. Si se trata de un chat, imagen, audio o video lo más lógico sería verificar su origen. Otra sugerencia importante es que, si se tienen dudas, lo mejor es buscar información en internet para asegurarse de su veracidad y recuerde que en los seres humanos una de las cosas que se ha olvidado, debido a lo abrumador de las informaciones en las redes sociales, es el “sentido común”. Acudir a él siempre será una buena opción.

Otros ejemplos al respecto lo podemos ver siguiendo algunos de los casos recopilados durante este año por el Observatorio Venezolano de Fake News.

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