La niebla informativa: desafíos del periodismo ante la desinformación y los bulos

Los medios de comunicación se disputan un espacio con las noticias falsas para hacer llegar a la audiencia hechos reales. En la Venezuela que cuenta con limitada libertad de prensa y un Estado que promueve falsedades y bloquea los portales informativos, los retos del periodista para cumplir con su labor se alzan sobre un camino de tinieblas 

El terreno de la desinformación es inhóspito y oscuro, tanto que a veces la luz que los periodistas intentan crear en torno a ese camino es demasiado sutil para mirar a través de la niebla que aturde, enceguece y abruma a quienes sin querer transitan por las calles de lo falso.

Cada día los profesionales de la comunicación y las audiencias se enfrentan a una nueva desinformación –entendida como aquellos contenidos basados en engaño, tergiversación o falsedades– que tiene como algunos de sus principales canales de difusión a las redes sociales, pero que también se observa en otros medios e, incluso, durante el “boca a boca”.

Para el caso de Venezuela, según el informe “La mentira engendrara” realizado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) en 2020, Facebook es la principal plataforma usada para transmitir contenido que no es completamente real. A esta red le sigue Twitter y, un poco más atrás, WhatsApp.

Rara vez ese tipo de contenido se difunde por error o desinterés. De hecho, Juan Esteban Lewin, director editorial del medio colombiano La silla vacía, aseguró en un seminario realizado por la Fundación Gabo que “la desinformación no es una práctica aislada. Muchas veces hay una estructura y pensamiento detrás. Suele haber una estrategia”.

En el caso venezolano, esa estructura que la prepara y difunde es el Estado.

A través de bots y otros mecanismos, crean hechos para engañar a la opinión pública. Esta acción, sumada al bloqueo de medios de comunicación, aumenta el riesgo de estar expuestos a la desinformación, más aún durante los procesos electorales.

En noviembre de 2021, durante las elecciones regionales, 35 portales independientes fueron bloqueados, según el Comité para la protección de periodistas (CPJ por sus siglas en inglés). En febrero de 2022, tres medios denunciaron que las personas no tenían acceso a su portal desde ninguna empresa de telecomunicaciones. Ni pública, ni privada.

Según el contexto, la acción de desinformar puede poner en riesgo la vida de las personas. En épocas de pandemia –como la de ahora– y de flujos migratorios que están en aumento, tratar de frenar la información falsa es necesario para evitar que las personas estén en peligro.

Para tener mayor alcance, la desinformación se respalda en contenidos cortos, atractivos y afanados. Las noticias engañosas suelen viajar más rápido que las verificadas y eso tiene una razón clara, que representa uno de los retos del periodismo: el profesional de la comunicación se toma el tiempo para verificar la información. Una labor que a los difusores de falsedades no les interesa llevar a cabo. Es por eso que con gran frecuencia llegan primero a las audiencias.

La desinformación también suele surgir de hechos reales sacados de contexto o tergiversados. Esto representa otro reto para los profesionales de la comunicación, que pasa por encontrar el origen de esos datos y dar la información completa.

Pero más allá de los esfuerzos, la niebla sigue siendo espesa. Si la clave para frenar la desinformación es que el periodista siempre verifique los datos –un trabajo que ya caracteriza al periodismo–, ¿qué pasa con el resto de la población? Claramente son vulnerables y hacia ellos va dirigida esa información manipulada.  

“La desinformación se puede combatir verificando los datos con fuentes oficiales”, dijo para la Fundación Gabo Lucía Gardel, redactora de Chaqueado, un medio argentino de verificación de información. En efecto, esa debe ser la mejor forma de lidiar con los bulos –entendidos como la difusión intencional de contenido falso para hacerlo pasar por un hecho real–. Sin embargo, es una práctica difícil de llevar a cabo en Venezuela, porque las fuentes oficiales son inalcanzables y los datos inaccesibles.

Entonces, para el periodista venezolano, ese trabajo exhaustivo y contrarreloj se torna cuesta arriba, lo que puede suponer un punto a favor de quienes a diario se esfuerzan por difundir noticias falsas.

En algunos casos, ese responsable suele ser el Estado. Según el informe realizado por el Observatorio Digital ProBox, una organización dedicada a la detección de noticias falsas y verificación de datos en el país, en 2020 desde el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información se originaron 432 tendencias en Twitter y se detectó que más del 80 % de los tweets fueron difundidos por bots.

Los periodistas locales se enfrentan, entonces, a una sombra de desinformación impulsada principalmente por quienes deberían ser las fuentes oficiales. También a una limitada libertad al momento de llevar a cabo su trabajo. De acuerdo con la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2022 realizada por la organización Reporteros sin Fronteras, Venezuela ocupa el puesto 159 entre un total de 180 países. Este territorio se muestra como un campo minado para el periodismo que busca frenar la desinformación.

Los desafíos frente a la niebla

Se pueden enumerar los retos que representa para el periodismo inundar de claridad absoluta el camino informativo. La exposición a la desinformación ha existido siempre, pero es un hecho que la presencia del internet y las redes sociales aumentaron significativamente su alcance. Las crisis, que no son escasas en el mundo, también representan un terreno de riqueza y oportunidades para los bulos, al igual que las elecciones y la migración.

Todos estos elementos son apilados por quienes buscan sembrar los contenidos falsos. Así que es tarea del periodismo escalar esa torre e ir destruyendo su estructura con golpes de datos y verificación.

Primero, derribar la información tergiversada. “La mayoría de esas piezas (las de la desinformación) son reales pero están descontextualizadas”, aseguró Lewin. En la actualidad, existen herramientas en línea que permiten conocer de dónde sale cada nota que circula en la web.

“Hay gente que consume información de las plataformas tecnológicas y el desafío de los periodistas es entenderlas y aprender a usarlas”, dijo Pablo Fernández, director ejecutivo de Chequeado, durante el conversatorio “Frente a la desinformación, medios de comunicación” realizado por la DW Akademie.

Alcanzar ese conocimiento y hacer que los periodistas sean también chequeadores es una manera de frenar el alcance de los bulos. “La mitad de las personas que ven una etiqueta de falso en una nota hecha por un chequeador, deja de compartirla. Entonces, las verificaciones si logran que se reduzca la desinformación”, apuntó Fernández. Es por eso que cada vez son más los medios y organizaciones que crean espacios para el fact-checking.

Sin embargo, hay una sutil grieta en esta idea. “Creemos que el esfuerzo del fact-checking es necesario pero no suficiente. Lo ideal sería complementar el chequeo con educación”, enfatizó el director ejecutivo de Chequeado. 

Sin duda, insistir en que se debe verificar parece redundante en el ámbito del periodismo, pero no para el público. “La verificación es importante y necesaria para desenmascarar mentiras. También lo es empoderar a las audiencias para que por sí solas puedan dar con los bulos y descartarlos”, aseguró en el conversatorio sobre desinformación Patricia Noboa, periodista encargada de la iniciativa Alfabetización Mediática Informacional (AMI) de la DW Akademie.

Ese trabajo de enseñar a las audiencias podría ser el más grande desafío que debe afrontar el periodismo en su incansable combate con la desinformación. “Se debe lograr que las personas tengan pensamiento crítico para identificar las noticias falsas, para que tengan una mejor respuesta y actitud frente a ese tipo de contenido”, coincidió Fabiola Torres, directora del medio de comunicación peruano Salud con lupa, durante ese mismo encuentro sobre desinformación.

En el camino por demoler aquel muro que está en medio de la niebla, surge otro reto; ganarle al carácter viral de las noticias engañosas. Dentro de las plataformas digitales el periodismo ha dejado ciertos terrenos libres que los creadores de bulos aprovechan. Por eso, como continuó diciendo Pablo Fernández, se debe “pensar distintos formatos en los cuales podamos llegar a distintas audiencias”. Añadió que se puede llevar el contenido verificado a redes como TikTok y los reels de Instagram, y de esa manera recuperar esos espacios perdidos.

Hacer explicaciones más sencillas para las audiencias, pensar en distintos formatos de difusión para tener mayor alcance y no olvidar los sesgos cognitivos, o la trampa del corazoncito -como lo denominó Lewin en su ponencia-, son las recomendaciones que dan los expertos para afrontar los desafíos del periodismo frente a la desinformación.  

La tiniebla alcanza las fronteras

“La alfabetización mediática informacional es clave. Hay que educar a los migrantes porque terminan siendo víctimas de fake news”, invitó la periodista Ginna Morelo en el conversatorio “Cómo verificar la desinformación sobre migraciones”. El punto fundamental está en darle al público las herramientas para que sepan reconocer esas noticias engañosas.

Entre las muchas vulnerabilidades que enfrentan los migrantes y refugiados, está presente la exposición a noticias falsas, que podrían poner en riesgo sus vidas al dejarlos a merced de redes de tráfico y trata de personas que se nutren de los bulos para atraer a quienes huyen de su país.  

Verificar cada dato en torno a una ruta migratoria, difundir una decisión que pueda afectar a las personas desplazadas y hacerlo con un lenguaje simple y en un formato que pueda ser replicable fácilmente, es otra manera de hacerle frente a los bulos en ese entorno.

Parece larga la lista de desafíos que enfrenta el periodismo ante esta realidad. Todo ello porque el terreno de la desinformación es inhóspito y oscuro, tanto que a veces la luz que los periodistas intentan crear en torno a ese camino es demasiado sutil para mirar a través de la niebla que aturde, enceguece y abruma a quienes sin querer transitan por las calles de lo falso. Pero el trabajo para disiparla cada vez toma más fuerza e ilumina los senderos que conducen a los hechos reales.

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