El candidato de la desinformación ganó en las regionales

Más de 70.000 aspirantes compitieron en la elección regional y municipal de 2021. Cada quien buscaba un cargo en lo suyo: gobernación, alcaldía, consejo legislativo o concejo municipal. Pero uno solo alcanzó la omnipresencia para mimetizarse y desplazarse entre los distintos ámbitos regionales y locales de Venezuela: el candidato de la desinformación.

No se inscribió en el sistema de postulaciones, porque goza de identidades múltiples. Tampoco dejó botada propaganda de campaña en las calles, porque carece de rostro único. El 21 de noviembre, cuando casi 9 millones de venezolanos se expresaron en las urnas, el candidato de la desinformación se coló en el comando de la opinión pública.

Comunicar resultados en la noche electoral no sería sencillo como colofón de un proceso que resultó muy complejo: 3.082 ganadores del entramado de los poderes ejecutivos y legislativos estadales y municipales de la nación. La vez más reciente que el Poder Electoral había tenido que totalizar, adjudicar y proclamar tanta o más gente al mismo tiempo fue hace 16 años, en las municipales de agosto de 2005 (5.596 cargos entre concejales y juntas parroquiales).

A la medianoche del 21-N, un primer boletín de resultados del Consejo Nacional Electoral emitió ganadores solamente para las gobernaciones de todos los estados, aunque el ente aclaró que presentaría “datos todavía pendientes por ser confirmados con la transmisión restante”. Un segundo boletín, 17 horas después, la tarde del lunes, echó para atrás y dejó en suspenso los nombres de los mandatarios regionales de Apure y Barinas (el primero se resolvería luego).

El candidato de la desinformación se metió en la epidermis que son las gobernaciones y consejos legislativos: en un país visualmente tan acostumbrado a acostarse a dormir con sus mapas coloreados de resultados, las redes sociales y la mensajería de WhatsApp enseñaron desde temprano una geografía nacional sin fundamento, tinta del rumor, con mucho más azul opositor del que realmente proyectó la televisión estatal apenas transmitido el primer boletín. El sentimiento resultante en algunos que siguieron el falso contraste: duda, desconfianza, desinterés.

Lo que la televisión estatal no graficó es que, en número total de sufragios, la de 2021 fue la base electoral más baja del chavismo de los últimos tres lustros. Tenemos, entonces, un rojo desteñido sobre el mapa, que demuestra que perdiendo también se gana cuando en la otra acera caminan dispersos por la ruta electoral.

También el candidato de la desinformación llegó hasta la dermis que son los resultados de alcaldías y concejos municipales: este otro mapa, segmentado ya no en 23 estados y el Distrito Capital, sino en los 335 municipios, no apareció en la pantalla oficial, quizás por más colorido: de retener 305 de ese total de alcaldías, el chavismo ahora no pasa de 215. La multiplicación de más bastiones locales de otras alianzas y partidos no oficialistas implica desempolvar la paleta de colores y repintar un mapa municipalizado más diverso, con unas 120 jurisdicciones de otros tonos, que solo algunos llegaron a mirar en Twitter.

De la paleta, cada cual usó los colores que quiso: unos son más dicotómicos y tomaron apenas el azul opositor y el rojo chavista, mientras que otros, en su reconocimiento de diversidad, necesitaron los amarillos de la llamada Alianza Democrática y los morados o grises de los otros partidos independientes que alcanzaron cuotas de poder local.

El caso es que unos y otros mapas no dejaron de ser extraoficiales, porque el único divulgado por el Poder Electoral es el de la división limítrofe estadal; ese que cerrará el año 2021 con 19 entidades rojas, tres azules y Barinas en el gris de la espera.

Por Barinas, donde en enero repetirán la elección a gobernador, también se paseó el candidato de la desinformación. En algún momento de la semana poselectoral, unas y otras militancias de los dos candidatos en disputa cantaron victoria adelantada. La autoridad electoral no informó cómo resolvería la demorada totalización de actas faltantes sino hasta el viernes 26, cinco días después de la votación. El llano, entonces, se volvió fértil para el rumor.

Como al candidato de la desinformación el poder no lo inhabilita, probablemente siga buscando rendijas para entrar a confundir y desmotivar la figura del voto. ¿Cómo hacemos para dejarlo en el terreno? No es fácil, sí. Y lo respaldamos con par de ejemplos:

Uno, el informe preliminar de la misión de observación electoral de la Unión Europea, presentado el 23 de noviembre. La televisión estatal cortó antes del minuto 15 la transmisión de casi una hora. Un canal de noticias, aunque abrió su emisión estelar con este hecho, solo reseñó aspectos positivos y ninguna de las observaciones declaradas. ¿Posible solución? La MOE-UE tiene Twitter y sitio web, con el informe íntegro para su revisión.

Y dos, los ignorados resultados en algunos municipios sin medios locales, que califican como desiertos informativos. ¿Posible solución? Una garantía electoral que, con la única excepción de la Constituyente en 2017, siempre cumple el CNE es la publicación de resultados centro por centro y mesa por mesa. En la web del Poder Electoral están disponibles todos los números, e incluso los de comicios anteriores para las respectivas comparaciones. Es decir, si usted votó o se abstuvo puede saber qué pasó en la mesa/centro que visitó o abandonó.

Una y otra posible solución, lo sabemos, requerirán internet; un bien más o menos escaso en la Venezuela profunda. Forjando opiniones basadas en evidencias (que las hay) y procurando decisiones mejor informadas desde la pluralidad, podremos entre todos alcanzar la victoria de que el candidato de la desinformación se vaya retirando de estas lides. Auditar más con la razón un asunto tan emocional como suele ser el electoral. Ahí sí ganaremos todos.

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