Dialogar con las fake news al estilo socrático: ¡A refutar!

El año 2022 es época de prosumidores, burbujas comunicacionales, casos de cultura de cancelación, invasión de Rusia a Ucrania con mayor énfasis en guerras ideológicas en redes, aparte de los ya abordados laboratorios de fake news, astroturfing, phishing, clickjacking, entre otras trampas que acechan el entorno digital. Expertos en desinformación han sumado esfuerzos para alertar sobre estas prácticas y brindar herramientas al ciudadano.

Los instrumentos técnicos como Google Images, Fotoforensics, TinEye, Forensically, sumados a sitios de verificación que tienen la misión de fungir como factcheckers, bien podrían variar dependiendo de la necesidad, potencialidad tecnológica del momento y capacidad de sostenibilidad en el tiempo.

Por ello, más allá de la app y de la solución algorítmica o de inteligencia artificial que faculta dar respuesta a ciertas preguntas, es preciso ir al meollo del asunto y apuntar hacia modos de pensar proclives a crear diálogos con las unidades de contenido falseado.

Es necesario encontrar una finalidad y un proceso dialógico transferible a otros, más allá del equipamiento meramente instrumental. Aportar algunas propuestas de definiciones a la mirada hacia las fake news, la desinformación y sus impactos. “Las audiencias deberían tener la posibilidad no solo de estar al tanto del uso, manejo y abuso de las tecnologías sino de contar con competencias digitales y críticas que les permitan su autonomía e independencia en la Sociedad Red de Información” (Escobar, 2019 p.16)

La expansión de la intersubjetividad humana que se aprecia en redes ha permitido advertir que es necesario formar al ciudadano en la sociedad de la comunicación. “Los propios receptores son incapaces de realizar un correcto filtrado de las informaciones, aceptando como ciertas aquellas que incluso son contrarias a otras que ya han aceptado como verdaderas. Parece entonces que hemos llegado a comprender que la desinformación es una situación estructural del ecosistema mediático y que las audiencias, paradójicamente, emergen como víctimas propiciatorias de este fenómeno.” (Pedreira, 2018, p. 74)

Se debe avanzar hacia un despertar de la refutación en redes. De la comprensión de los potenciales errores y manipulaciones en las viralizaciones de ciertos contenidos, depende la libertad misma del ciudadano, pues esta se ve vulnerada por acción de la manipulación sobre sus creencias. El ecosistema mediático se caracteriza por la circulación de mentiras, sobreinformación y gran abundancia de fuentes que no alcanzan a confirmar la veracidad de las unidades. (Fernández-García, 2017).

En procura de ayudar a la autogestión del ciudadano, en lo relativo al desarrollo de una capa de pensamiento refutador, desmentidor o confirmador, según sea el caso, se propone, a continuación, una revisión breve de un método que tiene más de 2400 años de antigüedad, que podría aplicar para analizar unidades de desinformación que pululan en Internet y en redes sociales.

Se intenta un abordaje de las máximas socráticas, que bien podría servir de base a cualquier proceso de verificación, incluyendo el asociado con el desmontaje de contenidos falseados, en la era de la desinformación. Es importante preparar el terreno del pensamiento, dar una estructura que lleve a nuevos porqués, en el desarrollo competencias mediáticas apropiadas, que permitan a los ciudadanos mantener posiciones críticas y reflexivas ante todos los contenidos a los cuales acceda por redes sociales e Internet, en general.

La revisión de estas ideas antiguas invita a partir de una aceptación de los sesgos cognitivos y desde una humilde exhortación. Considerarse ignorante sobre el origen y propósito de la unidad, como primera base importante en la verificación de los contenidos y brinda al ciudadano una postura y un modo de refutar más acorde, para no dar por cierto y no viralizar, de entrada, todo aquello que recibe como usuario de las diversas plataformas comunicacionales.

La refutación: pensamiento negativo de base para verificar

 ¿Un pensador como Sócrates, preocupado por la democracia en la Grecia antigua, tendría algo que aportar sobre cómo abordar la desinformación que circula en la era de las comunicaciones? Si vemos una extensión de las aplicaciones posibles de sus preceptos para los tiempos comunicacionales que corren, la respuesta a estas preguntas podría ser un .

Nos referimos a adaptar el espíritu de confirmación existente ya en Sócrates a las necesidades de nuestro presente. Hablemos en específico de la mayéutica, un método socrático en el cual se accede al conocimiento por medio de preguntas; un proceso dialógico que permite al interlocutor hacer la distinción de lo real y de lo falso a partir de la sucesión y satisfacción de interrogantes que permitan develar la verdad o falsedad contenida en la idea.

La mayéutica fue empleada por Sócrates para confirmar o desmentir expresiones sobre asuntos tales como qué es la justicia, según lo narra Platón en su texto “La República”. La finalidad de este método era procurar el conocimiento a través de la reflexión resultante de respuestas a preguntas sobre elementos tácitos subyacentes en las afirmaciones a examinar, todo con el fin de superar las opiniones y encontrar definiciones veraces y objetivas.

En todos los manuales de verirficación, se habla de aplicación de sentido común y de ciertas preguntas propias de los elementos tácitos subyacentes en cada contenido. Por tanto, no pudiese hablarse de una lista cerrada de preguntas a satisfacer, porque las unidades son diversas en su origen, propósito y técnicas de manipulación.

Tal método de reflexión ante la desinformación podría, bajo la postura socrática, partir de un proceso de refutación, aplicando interrogantes tales como: “¿realmente el personaje de la noticia dijo lo que se señala?”, “¿el contexto de lo ocurrido realmente corresponde al descrito?”, “¿lo dicho realmente tuvo lugar y en la fecha señalada?” Claro, estas preguntas encontrarían respuestas de manera más acelerada por las herramientas tecnológicas disponibles.

Sócrates objetó sus principios subjetivistas y negacionistas de la verdad objetiva.  Entendía la verdad como la sinceridad de los hechos, la realidad, a través del develamiento de las definiciones, de allí que contradecía el relativismo y el escepticismo de los sofistas. En su pensamiento se encuentra la preocupación por las definiciones, como fuentes conceptuales de objetividad que permitirían acceder a la esencia de las cosas.

Mayéutica, que significa en griego “partera”, refiere al proceso de dar a luz el conocimiento. Sócrates usaba un recurso para esperar la respuesta y la reflexión del otro: el diálogo. En la mayéutica se producían largos interrogatorios en la búsqueda de alumbrar -parir- la verdad, recordando el oficio de comadrona de su madre, Colomba. La afirmación podía ser corta, pero la mayéutica mucho más extensa. Se tomaba tiempo para abordar la afirmación por vía de preguntas y respuestas, para desmontarla. Con las interrogantes, refutaba los argumentos de su interlocutor, determinando si eran solo opiniones, doxa, permeados por engaños y falsedades, o si por el contrario contenían conocimiento válido, espisteme.

El ignoramus

Sócrates estima que el camino a la verdad surge de un proceso continuo con el cual son reemplazadas las opiniones por conocimiento. Pero esto debe ocurrir a través de una postura de ponderación, de reducir a un humilde “no saber” aquello expresado ante nosotros. Declararse ignorante ante una determinada declaración.

¿Cómo aplicar este principio? Ubicarse desde la moderación de la emoción y suprimiendo el deseo de confirmación. Es preciso evitar el apetito por sentirse seguro o empático con lo declarado, para dar paso a la racionalidad y a la mesura, en la postura de quien aún no se convence del contenido. Partir del ignoramus, entendido como un “no sabemos”.

Una primera postura ante la unidad a confirmar: “solo sé que no sé nada”. El primer paso ante todo proceso de verificación informativa, para el periodista, sería el derivado del poder del ignoramus, desde el punto de vista socrático, es decir, partir de la consciencia de no saber, por encima de la creencia o presunción del saber algo. Se traduce, para el ciudadano, en la mirada del autocontrol, de no compartir sin evidencias ni respuestas mínimas a las preguntas que luego surgen. Defender el “no sé” si es cierto o falso, y a defenderlo en lo interno, para no replicarlo de manera automática y proceder a confirmarlo a través de evidencias.

Se quiere exhortar a mantener esta postura de base. La aproximación a Sócrates valida poner en tela de juicio lo que se recibe en redes, a fin de desmontar la posible intencionalidad de engaño o manipulación de un mensaje, que podría, en efecto, tener pretensión de control sobre el otro, jugar son sus deseos y prejuicios con la finalidad de hacerlo pasivo ante el mensaje, alterando así su percepción de la realidad y llevándolo a actuar, incluso, contra sus propios intereses. Lo menciona Van Dijk (2006) al reflexionar sobre el poder y el porqué del lenguaje de manipulación, en su teoría sobre análisis crítico del discurso:

La manipulación no solo involucra poder, sino específicamente abuso del poder, es decir, dominación. En términos más específicos, pues, implica el ejercicio de una forma de influencia ilegítima por medio del discurso: los manipuladores hacen que los otros crean y hagan cosas que son favorables para el manipulador y perjudiciales para el manipulado. En un sentido semiótico de la manipulación, esta influencia ilegítima también puede ser ejercida con cuadros, fotos, películas u otros medios. (Van Dijk, 2006)

El primer paso, para evitar el ascenso de la manipulación en el propio sistema de creencias, consistiría en dudar de la legitimidad e intención del contenido recibido, declarándose ignorante sobre sobre su veracidad y en función de ello actuar para confirmarlo o desmentirlo.

Sócrates defendía el que la sabiduría procediera, en primer término, del reconocimiento de la ignorancia, pues sólo a partir de allí era posible avanzar hacia el conocimiento. Esto permite ser un inspector de los instintos cognitivos propios, que impulsan a avalar a priori y erráticamente la unidad a verificar. Declararse ignorante ante la unidad permite superar, además, toda la amalgama de sesgos que conducen a distorsionar la percepción de la realidad, en función del deseo, de la experiencia previa, de reducciones de procesos mentales, de tentaciones, prejuicios, formas y preconcepciones adaptadas a nuestros sistemas de creencias.

Es precisamente esta comprensión de las limitaciones para distinguir los contenidos falseados de los reales, la que permitirá procesos de admisión de un ignoramus, para luego partir hacia la refutación, una que permita dinstiguir la aguja de la paja.

El enfoque de esta exhortación no consiste en preguntarse si se está equivocado o no, sino en la aplicación, al momento de verificar, de preguntas como: ¿Qué puedo estar dando por cierto sin apenas percatarme?, ¿en qué creencias me estoy aferrando a ciegas, sin haberlas cometido a un examen crítico, riguroso y objetivo?

En pocas palabras, este llamado al ignoramus desde el pensamiento negativo socrático es una invitación a que -como primera instancia para iniciar un proceso de verificación como ciudadano o como periodista- se admita y se trabaje partiendo del desconocimiento parcial o total en torno a la legitimidad o manipulación de los componentes implícitos de la unidad -existencia del hecho, vocería, contexto geográfico, datación, autenticidad del registro audiovisual-.

Esta exhortación socrática se traduzca en el surgimiento, sobre la base de preguntas en torno a elementos tácitos de la unidad, de evidencias que permitan iluminar las zonas erróneas de los propios sesgos del verificador.

El conocimiento producto de la verificación

Las opiniones, doxa, existen y tienen validez relativa al manejo del tema por parte de los autores. Las que se forman al recibir un contenido sin verificar pueden ser infundadas, prejuiciosas, falaces. En el ámbito socrático, la opinión no da al otro el sentido de verdad, ya que una cosa es escuchar decir que algo es cierto y otra, que lo sea. Entender que todo un conglomerado podría hacer viral una falsedad al no corroborar la especie analizada, pues una cuestión es que todo el mundo opine creer que un contenido es cierto -y así lo haga viral- y otra, en esencia y sustancia, que sea real o verdadero.

La refutación es el momento negativo que consiste en mostrar al interrogado, mediante preguntas, que las opiniones que cree verdaderas en realidad son falsas -contradictorias, inconsistentes- al ser examinadas por la razón, descubriéndose así el falso saber.  Básicamente, la unidad expuesta a ser analizada debe ser sujeta a un diálogo, independientemente de la herramienta tecnológica disponible. La raíz griega de la palabra diálogo es DIA, -que significa a través- y LOGO (que significa razón).

La verdad para Sócrates es la continua búsqueda de lo que es inmutable, perfecto y eterno, es aquello que no varía su resultado de forma relativa. Desde el sentido socrático, el camino a la verdad se traduce en un proceso continuo desde el cual se reemplazan opiniones por conocimiento. Ese camino es el que sigue, de algún modo, un periodista experto en verificación, un investigador al momento de encontrarse con una unidad informativa o desinformativa. Llega esta en forma de lenguaje y dialoga con ella, es decir, emplea la razón para encontrar la verdad en ella.

Pero, ¿cómo acceder a las preguntas correctas para cada unidad? Lo primero que se precisa es llegar a acuerdos, criterios comunes. El primero de ellos, lo estableceremos partiendo de las características de la dialéctica de Sócrates. El ascenso dialéctico a través del establecimiento de analogías.

Analogías: primer criterio dialógico para refutar fake news

Dialogar con un contenido falseado supone descomponerla a través de la razón, a través de la satisfacción de diversas preguntas que se va haciendo el propio verificador.  El primer criterio sería aplicar analogías sobre el contenido a validar.

La analogía es la relación de semejanza entre cosas distintas. Supone ir de lo particular a la generalidad de las cosas. Se crea estableciendo elementos comunes entre lo que se analiza y situaciones similares. A partir del establecimiento de aspectos comunes en otras situaciones reales o similares, se permitiría descubrir incongruencias que desarticulen la posibilidad de que un determinado argumento o contenido pueda ser similar a otro existente que debió tener sus mismas características.

Coloquemos un primer ejemplo de analogía que suele aplicarse en los procesos de verificación informativa. Cada hecho, declaración, episodio del acontecer proviene de un contexto que lo hace relativamente similar a otro. Si un presidente X brinda una declaración con interés bélico, es de suponer que su alocución esté reseñada por medios de comunicación que hubiesen publicado esto, de acuerdo con otras declaraciones previamente difundidas por tales empresas de información; o que el contenido de sus palabras esté advertido en las mismas plataformas oficiales en las cuales hubo reseña de otros anuncios previamente ofrecidos en la materia; o que incluso, hubiese algunas reacciones de opositores o de países vinculados con el anuncio, como en efecto pudo tener lugar con alguna declaración previa.

Una primera capa de refutación consiste en establecer las analogías correspondientes; en este caso, buscar las evidencias propias de hechos análogos, las que suelen generarse con incidentes, hechos, declaraciones similares, sometiendo a la unidad a la prueba de consistencia en la esfera empírica.

¿Qué ocurre cuando hay un contenido circulando en redes sociales, con el cual no pueden establecerse analogías con otros contenidos similares? Vayamos al ejemplo. Supongamos que a la referida declaración circulante en redes sociales no cumple con las analogías mínimas para validar su existencia: esto es, no presenta los mismos elementos tácitos integrados que otras declaraciones del presidente X de comprobada existencia previa, tales como evidencias de registro sobre el anuncio, su replicación en medios de comunicación -de reconocida trayectoria- sobre el incidente, formalidad de los anuncios por parte de las redes de la vocería del declarante, datos que corroboren con precisión la data de emisión-. Entonces, habrá una primera refutación. La declaración, en efecto, no cuenta con evidencias, por tanto, podría ser falsa.

Las inconsistencias, entre el episodio a analizar con otros semejantes, surgen de una gama de preguntas que variarán de acuerdo con la unidad. Un ejemplo concreto en un caso abordado por el Observatorio Venezolano de Fake News, a finales de febrero de 2022, en el marco de incertidumbre informativa por el inicio de la invasión de Rusia a Ucrania. Se verificó un mensaje de WhatsApp, consistente en la siguiente imagen:

Si el Departamento de Estado de Estados Unidos cuenta con una plataforma digital oficial para anunciar lo relativo a política migratoria, ¿por qué este anuncio recibido por WhatsApp sobre la supuesta suspensión de entrega de visas no aparece en dicha plataforma? ¿Por qué la supuesta nueva política global de Estados Unidos es transmitida, según este contenido, por una circular en papel colocada en una puerta supuestamente ubicada en la Embajada de Estados Unidos en Colombia?

De esta primera incongruencia, derivada del incumplimiento de la analogía aguas arriba, surge otra pregunta que llevaría al incumplimiento de otra analogía, pero aguas abajo. De ser cierto este anuncio, ¿acaso no lo sabrían y replicarían oficinas de embajadas y consulados de Estados Unidos en el mundo entero, tal y como ha ocurrido con previos anuncios de política migratoria? La formulación de esta pregunta llevaría al periodista a una consulta con personal diplomático local que develaría la mentira, por incumplimiento de la analogía.

Tal anuncio era falso y la manipulación se revela al aplicar preguntas dialógicas con la unidad. En la verificación aguas abajo se va de lo general a lo particular.

Se formulan dudas hacia la unidad, tales como: ¿Es actual el hecho, o es un reencuadre de algo ocurrido tiempo atrás, haciéndolo pasar como reciente?, ¿es auténtico o es una usurpación de la identidad del vocero, atribuyéndole palabras no dichas por aquél?, ¿es orgánico o una comunicación espontánea de un ciudadano, o es la acción de un robot virtual -bot- empleado para crear la ilusión de una falsa tendencia?, ¿el hecho descrito ocurrió o se trata de una invención para hacerle creer al lector o espectador que tal suceso tuvo lugar, no habiendo sucedido en lo absoluto?, ¿los elementos de la información -quién, cómo, dónde, cuándo, qué- corresponden con lo ocurrido o hubo alguna alteración en alguno de éstos, intencionada o no?, ¿los hechos descritos concuerdN con el contexto señalado, o se trata de una descontextualización?, ¿la foto fue manipulada?, ¿el video fue reeditado para producir un sesgo?

A modo de conclusión

Se pudiera enumerar al final de este recorrido un gran volumen de aplicaciones que sirven de herramientas para apoyar los procesos de obtención de respuestas surgidas a partir de ciertas preguntas, tales como Google Imágenes (que permite saber el origen y primer momento de difusión en la web de determinada imagen), Fotoforensics (que brinda un análisis de las posibles alteraciones realizadas a una imagen), para lo cual le sugiero visitar la sección de herramientas de verificación del Observatorio Venezolano de Fake News, entre otras plataformas.

Pero se aprovechó el espacio de estas páginas no para hacer un catálogo de apps que de seguro irá variando de acuerdo con el desarrollo tecnológico de aplicaciones, sino para revisar un método del pasado, la mayéutica, empleado para extraer lo errático y falso de algunas afirmaciones, en función de crear conciencia sobre los sesgos, la posibilidad de ser manipulado por el tratamiento poco ético y legítimo de ciertos contenidos y la necesidad de refutar cada unidad, a partir de premisas como el establecimiento de analogías.

La visión que se comparte en este texto es que la desinformación es combatible, pues se puede eliminar a partir de posturas de moderación y de la declaración previa de ignorar a ciencia cierta si todos los componentes que conforman una unidad informativa están acordes con la realidad, para luego proceder a verificar.

Se recomienda afrontar el reto de mejorar las competencias mediáticas a través de una postura de pensamiento negativo, una que parta de la necesidad de establecer analogías y desmontar, con proceso dialógico, los elementos tácitos presentados como reales en cada ocasión, por medio de comparaciones, contrastaciones y establecimiento de incongruencias.

Existe cierta creencia a pensar que existen públicos en capacidad de distinguir una opinión de un hecho real y verificable. Pero, en realidad, todos somos en mayor o menor medida vulnerables a los sesgos de atribución, de confirmación y de referencia, lo que termina generando errores en los mensajes que compartimos, viralización de contenidos falseados y una larga experiencia de desinformación y conformación de postverdades.

Estar informado, correctamente, sí es posible. Es requerido, eso sí, un uso de racionalidad que conduzca al entendimiento, se precisa la comprensión de nuevas capacitaciones mediáticas, que son necesarias y urgentes en esta era digital.

Referencias

ESCOBAR, Alexandra. y VEGA, Katherin. (2019). Relación entre competencias mediáticas y fact checking. Caso Colombia Check. Trabajo de grado para optar al título de comunicadoras, Pontificia Universidad Javeriana, Cali, Colombia.

FERNÁNDEZ GARCÍA, Nuria (2017) Fake news: una oportunidad para la alfabetización mediática. Nueva Sociedad, no. 269, pp.66-77. España.

PEDREIRA, Maricarmen. (2018) “Desinformación e Infoxicación en las cuarta pantallas”. En Competencias Mediáticas en medios digitales emergentes, compilación de Aguaded, I. y Romero R., L. Comunicación Social, ediciones y publicaciones. Salamanca, España.

VAN DIJK, Teun. (2006). Discurso y manipulación: Discusión teórica y algunas aplicaciones. Revista signos39(60), 49-74. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342006000100003

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