Desinformación y el tema Siria en Venezuela
Es difícil que la sociedad venezolana no sienta algo de recelo al recibir información sobre tópicos políticos, nacionales e internacionales, sin aludir a la ideología del sector que las comunica. Tal vez, esta situación comenzó a agudizarse a partir de los hechos de 1992, con el surgimiento de la rebelión y el proceso liderado Hugo Chávez, extendiéndose a toda la interpretación de los hechos internacionales en materia de alianzas y enemistades.
Existe un antiguo cuento de un niño llamado Pedro que gritaba “allí viene el lobo” a conveniencia, para alarmar a sus coterráneos y ante la evidencia de la ausencia de tal animal, las personas a su alrededor dejaban de creerle, al punto de que cuando el lobo sí se presentó, nadie acudió en su ayuda. ¿Hay veracidad en los recientes mensajes informativos en torno al tema Siria, en un medio como Telesur, vinculado con la línea gubernamental? Y, de ser así, ¿cuánto de credibilidad podría atribuírsele a los hechos reales transmitidos?
Reflexionando sobre las “ideologías dominantes”
Teun A. van Dijk (1998) advierte sus dudas sobre las supuestas “ideologías dominantes”, a sí son “dominantes” por definición, pues lo que ocurre en los grupos es que las formas de pensamiento se van adoptando, no necesariamente por la intencionalidad de actores que manipulen los discursos. “No es el grupo, o la organización, o ninguna otra estructura social lo que realmente condiciona, influye o restringe las prácticas ideológicas, sino las formas en que los miembros sociales subjetivamente las representan, comprenden o interpretan”. (Teun A. van Dijk, 1998 p.177)
Por eso, de manera cónsona con las dinámicas de poder en la sociedad venezolana, algunos han dejado de consumir productos informativos, pensando en las posibilidades de no encontrar representaciones simbólicas acordes con una interpretación alineada con sus intereses y con “la verdad” sobre los hechos. La desconfianza hacia algunos voceros políticos, hacia medios de tendencia distinta a la propia y hacia narrativas sobre situaciones políticas difusas, de difícil comprensión, se ha convertido, pues, en parte misma de la ideología de los venezolanos, en un no creer en nada, harto de manipulaciones propagandísticas.
La expresión “Si un medio X lo dice, debe ser mentira”, como parte del sistema de creencias, se vive, y se manifiesta en un efecto de relativización -tal vez deseado por algunos laboratorios de desinformación-, que debilita el tejido social, anula las posibilidades de encuentro, diálogo y articulación de propuestas de cambio, mejoras y reclamos de la ciudadanía en general.
Entonces, no es de extrañar que algunos sectores venezolanos no encuentren reflejo veraz de la realidad sobre lo que ocurre en otras latitudes del país, en determinados medios nacionales e internacionales, dependiendo de los vínculos de estos con el poder. La desconfianza en las narrativas sigue generando, además, relaciones binarias, maniqueas, entre buenos y malos, justos y dictadores. Y en lo binario, se pierden los matices de la gran escala de grises entre el negro y el blanco, la diferencia, de la cual hablan filósofos como Jacques Derrida.
En las recientes coberturas sobre el tema Siria, algunos medios interesados en defender o en acusar al régimen de Bashar Háfez al-Ásad se aprecian narrativas ideológicas en pugna, que encasillan a los actores en papeles que varían de acuerdo con la interpretación política.
La reflexión sobre la “dominación” o “imposición” de ciertas ideologías a partir del control del discurso, sí da pie a concesiones sobre la capacidad de quienes detentan el poder. Van Dijk (1998) duda de toda la posibilidad de una dominación total, al advertir: las élites pueden controlar (parcialmente) las mentes del grupo dominado, pues dependerá del grado de influencia efectiva-esperada en el sistema de creencias del público.
El tema Siria en Telesur
En Telesur, el término “terroristas” es repetido continuamente para hacer alusión a los responsables de derrocamiento de Al-Ásad. No hay alusión alguna a las características represivas del depuesto régimen. Tampoco a celebraciones de la población ante su caída.
Estos sesgos en las valoraciones disminuyen la credibilidad al punto que el televidente, tal vez desconfiado, deja de poner la vista en la naturaleza conflictiva de la situación de Siria, pues, en efecto, no es sencilla la transición política en esa nación, en medio de pugnas entre grupos armados y una reputación no del todo confiable por parte de quienes tomaron el poder.
En la mayoría de los espacios de este medio, no se dan nombres de los que llaman “terroristas”. Casi no se menciona, por ejemplo, a Abu Mohammad al-Jolani, jefe del grupo Hayat Tahrir al Sham (HTS), responsable de la operación que otras empresas informativas en el mundo han reportado como principal agente del avance en distintas localidades y quien lideraría la coalición que sacó a Al-Ásad.
El grupo HTS había iniciado como una facción de Al Qaeda -la responsable, con Osama Bin Laden, de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001- pero luego habría tomado distancia de esta, declarándose independiente.
¿Cómo hace un venezolano de a pie para informarse de este tema en Telesur, sin apelar a prejuicios sobre la información ya sesgada? Posiblemente, el término “terrorista” empleado con los responsables del derrocamiento no permite ver con claridad la situación de fondo. Siria atraviesa una crisis, pero no es una crisis nueva. El problema de confianza en esta narrativa también se debe a las alianzas pasadas entre Venezuela y el régimen sirio, y a la no mención -omisión sistemática- del pasado represor de Al-Asad, documentado en informes sobre tortura, encarcelamientos políticos y asesinatos a civiles.
En el ambiente mediático internacional también figura la coexistencia de presiones al territorio sirio por parte del conflicto israelí-palestino, el refugio del exdictador en Rusia y la pasividad de Moscú a la ofensiva actual, pues, a diferencia al respaldo militar que dio Vladimir Putin al régimen de Al Ásad en 2015, esta vez solo le abrió las puertas a él y a su familia para que pudieran escapar de los líderes de la avanzada.
Si Ud. se quiere informar sobre el tema…
Sigue siendo incierto el panorama para la nación árabe. A ciencia cierta, se desconoce cuál será el futuro político de esta nación, así como las capacidades que tendrán los diversos sectores que hacen vida en ese país para consolidar una democracia. Se debe seguir viendo el problema en los diversos tonos grises que son necesarios para evitar encasillar en “buenos y malos” a los modos de liderazgo político. Se recomienda la lectura profunda y variada sobre el tema, con una mirada a diversos medios, fuentes y verificadores de información.
Por supuesto, en el interín de este proceso, circulan descontextualizaciones y contenido falseado de diverso orden. Es menester una revisión amplia de enfoques históricos, con diversas posturas ideológicas, para hacerse de una perspectiva propia, con menor cantidad de sesgos.
No es sencillo comprender que en estos temas hace falta una visión de la diferencia, que trascienda a lo binario. Pero el mundo actual está cargado de este tipo de situaciones, en las cuales no todo puede ser aplaudido. Un hecho simple sí es cierto: culminó la historia de un régimen dictatorial y comienza un proceso de cambios para esa nación.
ReferenciasVan Dijk, (1999) Ideología, una aproximación multidisciplinaria. Barcelona, Espala. Editorial Gedisa.
