Con imágenes manipuladas se construye narrativa de lucha de clases

La desinformación en redes y la narrativa de sectores oficialistas coinciden en llamar a dirigentes de la oposición como “los apellidos”, alimentando la idea de que no pertenecen al pueblo. La perspectiva de una lucha de clases podría captar adeptos en sectores vulnerables de desiertos informativos, pero el contexto venezolano es distinto al de 1998, cuando se empleó el discurso electoral sobre las “cúpulas podridas”, en busca del voto castigo a la dirigencia gubernamental de entonces.

Las unidades de desinformación en este sentido no parecen estar desconectadas de los discursos que se difunden en medios del Estado. Desde la narrativa oficial en radio y televisión, líderes locales y ciudadanos en redes se han referido a la dirigencia opositora con el término “los apellidos”. 

Un antecedente a esta modalidad es la anterior narrativa empleada por Hugo Chávez en la campaña presidencial de 1998, así como en los comicios por la Asamblea Nacional Constituyente en 1999, y en las megaelecciones de 2000, para mostrar al país como dividido: por un lado, la parcialidad compuesta por élites con el poder económico, sostenedoras y aliadas de las que eran denominadas como “las cúpulas podridas”; y, por el otro: una mayoría que había sido olvidada por los fracasos de la democracia, especialmente los relativos a los segundos períodos presidenciales de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera. Más de 20 años ha pasado desde el éxito de aquella narrativa con la cual Chávez arribó al poder.

La estrategia de desinformación actual en contra de la dirigencia opositora busca reforzar la perspectiva en torno al “abolengo”, al aspecto “oligárquico” de los dirigentes que lideran la campaña presidencial agrupada en la plataforma unitaria. Una de las premisas ha sido falsear contenidos, adulterar fotos, especular sobre supuestas alianzas, para dar a entender que la dirigencia opositora está siendo apoyada por la oligarquía de la política y la economía mundial, y vender al elector la idea de que la oposición desprecia a las clases populares venezolanas.

Algunas diferencias contextuales

Aunque la narrativa se parece a la de 1998, existen algunas diferencias notables en la atmósfera social y política venezolana entre ambos momentos. Otra élite ostenta el poder desde hace más de 20 años, siendo responsable de las políticas públicas del país; otro es el comportamiento del Ejecutivo Nacional en cuanto al respeto a la institucionalidad democrática y otro es el estado de los medios. Ahora se adolece de la pluralidad de discursos, que sí estuvieron presentes en variada gama de medios impresos, radiales y audiovisuales en el ocaso de la democracia puntofijista.

Observadores del fenómeno de la desinformación han considerado que la narrativa de clases podría impactar principalmente en el refuerzo de sectores que apoyan la candidatura de Nicolás Maduro. Esto dependería, principalmente, del éxito de la pretendida hegemonía comunicacional del Gobierno, así como del acceso de estos grupos a otras fuentes informativas. 

El consumo informativo del venezolano sigue dependiendo en mucho de los medios televisivos y radiales, en los cuales se imponen restricciones, de acuerdo con un reciente estudio coordinado por Marcelino Bisbal y Carlos Correa para la ONG Espacio Público, titulado Consumo informativo y cultural en Venezuela, estado actual y tendencias. De acuerdo con el texto, son poco alentadoras las dinámicas en materia de construcción de la opinión pública a partir de la esfera digital. Por esto, podría inferirse que los seguidores del oficialismo que solo cuenten con medios de comunicación en señal abierta recibirán como ciertas estas piezas de desinformación electoral, sin tener capacidad de acceso a desmentidos o versiones distintas a estas ideas. 

Las personas más vulnerables para la desinformación en el país son las circunscritas a los desiertos informativos, sin distingo de tendencia política. Más de 5 millones de venezolanos viven en desiertos de noticias, de acuerdo con IPYS Venezuela, diagnóstico que basa en el mapeo de los medios de comunicación nacionales, regionales y locales (impresos, canales de televisión, estaciones de radio y portales digitales) que producen noticias sobre la realidad de los 335 municipios del país.

Algunos ejemplos concretos de estos contenidos falseados

Luego de una reacción de Machado a una publicación de Elon Musk, circuló una imagen que fue desmentida por el Observatorio Venezolano de Fake News, en las cuales se colocaba una foto de Machado con el titular “El millonario más grande del mundo apoya a María Corina Machado”. La unidad fue calificada como engañosa por el OVFN.

Otra de las imágenes con contenido falseado que ha circulado era la manipulación de una foto de Machado en campaña de calle, en la cual, por medio de retoque fotográfico, se transforma su gesto en una mueca de escrúpulo, dando a entender que la opositora habría sentido asco por el contacto de una mujer del pueblo. 

Además, vinculando a Machado con un antiguo símbolo político de AD, se manipuló una imagen de campaña de Carlos Andrés Pérez correspondiente a su campaña política en 1973, cuando fue exitoso bajo el slogan “Ese hombre sí camina, va de frente y da la cara”, relacionando a la dirigente con la historia de Acción Democrática. Tal vez, la estrategia en este sentido es similar a la que contribuyó a la caída de la popularidad de Irene Sáez en los comicios de 1998: su vinculación con los partidos tradicionales, esos tildados por Chávez como “las cúpulas podridas”.

También circuló una imagen en la cual aparece la dirigente con un afiche con el rostro de González Urrutia, con el fondo alterado, presentando la bandera de Estados Unidos.  La unidad fue desmentida por Cazadores de Fake News.

En otra unidad desmentida por el OVFN, se aludió a la supuesta visita de González Urrutia a una playa de Miami.

¿Por qué la desinformación electoral está apelando a la lucha de clases?

En principio, la contracara de la desinformación, la narrativa frontal en la batalla de propaganda comicial, apunta a un gobierno que acusa a la oposición de las sanciones aplicadas contra Venezuela en materia económica; por un lado, y a una oposición que llama a la unidad ante un gobierno señalado de antidemocrático, responsable de la más alta emigración de venezolanos en la historia de la nación, por otro.

La discursiva de desinformación sobre la lucha de clases tiende a atacar la perspectiva de la dirigencia opositora, según la cual ya en Venezuela no es pertinente tal lucha de clases, pues todos los ámbitos habrían sido afectados por fallas en el modelo iniciado por Chávez y continuado por Maduro, uniendo a los venezolanos ante la crisis actual. La oposición ha catapultado la idea de que el país entero es víctima de su actual gobierno.

El foco de lucha de clases impactaría en quienes asumen que las causas del mantenimiento de la pobreza en el país habrían sido las sanciones aplicadas como mecanismo de presión en contra de las disposiciones gubernamentales, esto es “el plan maestro del imperio estadounidense contra el pueblo”, denunciado por Maduro.

La pregunta es: Después de un empobrecimiento continuo, denuncias de corrupción como la trama de PDVSA, políticas de aumento salariales cuestionadas, ¿cuáles serán las consideraciones de los sectores populares en torno a un discurso de lucha de clases? 

Las mentiras tienen ciertos límites. Incluso, los expertos en desinformación tienen la costumbre de aplicar tácticas de falsedades, partiendo de medias verdades. Ciertamente, los “apellidos” de dirigentes de la oposición no parecen provenir de las entrañas del “pueblo” y por ello, con manipulación, se quiere distanciar el espíritu de la dirigencia opositora de las causas populares, y apelar a la posibilidad de que algunos programas de interés social de la presente administración se caigan, si no se logra la continuidad del proceso político hasta “2030 y más allá”.

Por otra parte, la breve campaña política podría impedir que a los sectores populares trascienda el contenido del plan de gobierno planteado por la oposición, y esa carencia de información sería una debilidad que se preste a propiciar rumores y desinformación sobre cuáles serán las metas en materia social y económica de la oposición.

No obstante, no se puede desestimar el poder informativo de portales de internet que cuentan con contenido de periodismo independiente, así como el alcance de la información que circula en redes sociales. A pesar de que la desinformación pulula por algunas plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp, esta herramienta también ha permitido a los venezolanos compartir contenidos sobre lo que ocurre en Venezuela. El día a día, el boca a boca sobre la situación del país, también puede contribuir medianamente a que la ciudadanía se informe sobre los planes de las alternativas electorales. 

Claramente, la estrategia sobre la supuesta lucha de clases en el país puede activar viejos odios y resentimientos, y de allí aflorar resquemores sobre la tendencia opositora, por lo que no se podría descartar el impacto de esta narrativa anti “cúpula podrida” iniciada décadas atrás por Chávez.

La pregunta es si aquella perspectiva que convenció al electorado en 1998, sobre “la rancia oligarquía”, tiene un efecto similar en los ciudadanos de 2024. ¿Cuánto de legítima tiene esta perspectiva de la realidad para el elector actual? Al parecer, la idea de desinformar en función de “los apellidos” ayuda a algunos a desplazar responsabilidades, persiguiendo que el voto castigo de la población no recaiga en las autoridades del presente, sino que siga siendo para aquellas “cúpulas” de finales del siglo XX.

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